La historia del Café de la Chata, comienza en los primeros años del siglo 20, cuando varias familias de Tocaima Cundinamarca, entre ellas, la familia de mi abuelo Horacio Nossa, deciden emigrar a Calarcá en 1914, entonces territorio Caldense.
Horacio Nossa Virginia Ricardo
Mi abuelo, ya cultivaba café, a pequeña escala en Tocaima y venían atraídos por las tierras fértiles de la zona de Quebrada
Negra, donde comenzaron su actividad cafetera.
Francisco Nossa Ricardo
Mi padre, Francisco Nossa Ricardo, nacido en 1898,
hizo de la caficultura su principal actividad y trabajó como recolector,
sembrador y administrador de fincas cafeteras, hasta que decide ir a el Dovio
Valle, a comenzar su negocio, en una parcela de su propiedad, la que tuvo
que abandonar cuando empezó la violencia y donde falleció su primera esposa y
conoce a mi madre María Silvestra Cardona y se casa con ella.
Maria Silvestra Cardona
Debido a la violencia política, tiene que regresar a
Calarcá, para comenzar de nuevo en cercanías de Quebrada Negra, en la Finca El
Calabazo, donde nacimos la mayoría de los Nossa Cardona.
Mi madre, nacida en 1926, en Támesis Antioquia,
también tierra cafetera, ayudaba desde niña a mi abuela Dolores, a tostar el
café y el cacao que consumían. El café lo trillaban en un pilón y lo molían en piedra.
De mi padre, Don Pacho Nossa, aprendimos los
secretos del cultivo y de mi mama, Doña Silvestra, aprendimos los secretos del
tostado del café.
Hoy en la finca la Chata, vereda Palo grande, en los
suelos fértiles de las montañas de Salento Quindío, continua la tradición
cafetera de la familia Nossa Cardona, donde se aplican conocimientos y
experiencias acumulados durante más de un siglo, en el cultivo y producción de uno de los cafés más suaves y de más calidad.



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